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La ridícula y trágica respuesta de Conagua ante Covid-19 (Artículo)

«La crisis vino a reforzar el mandato del 4º Artículo Constitucional de contar ya con una Ley General de Aguas que garantice cumplir con los derechos humanos y de los pueblos al agua, la salud y un medio ambiente sano», escriben Pedro Moctezuma Barragán y Elena Burns.

Por Pedro Moctezuma Barragán y Elena Burns

El  lunes 6 de abril la directora general de la Conagua anunció su Plan de Emergencia frente a la contingencia sanitaria: 104 pipas prestadas por la CMIC, 402 cisternas donadas por Rotoplas, 8450 latas de agua potable donadas por Heineken, junto con el compromiso de que, ahora sí, se hará todo lo posible para que los hospitales y clínicas del país reciban agua, siempre a cambio de un pago.

¿Cómo llegamos a esta ridículamente trágica respuesta frente al tamaño de lo que enfrentamos? ¿Qué podemos hacer?

No hay agua para la vida porque, bajo las leyes neoliberales establecidas en 1992, la razón de ser de las “autoridades del agua” ha sido otro: garantizar agua y obras hidráulicas para los “intereses” a través de sus aliados políticos federales, estatales y municipales.

La Conagua ha derrochado $75 mil millones en las obras hidráulicas requeridas para construir un aeropuerto en un lago, asegurando a la vez que Grupo Carso pueda lucrar con las aguas residuales de la Ciudad de México.

Las comisiones estatales, por su parte, se han dedicado a costosas obras hidráulicas inoperantes (Túnel Canal General), ilegalmente impuestas (Acueducto Independencia, trasvase Milpillas), privatizantes (desaladora Rosarito) o plagadas con dinámicas de corrupción (Zapotillo). Los organismos municipales en ausencia de controles ciudadanos, sirven como la caja chica para las futuras campañas políticas de los presidentes municipales.

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