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Catarina y la resistencia

Por: Alejandro Calvillo – octubre 7 de 2014 – 0:01 Calvillo en Sinembargo,

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Escribo estas líneas en domingo mientras, a unos metros, en el patio de la vecindad que habito en   el sur del Distrito Federal, velamos comunitariamente a Catarina Illsley. No se trata de una sala cerrada, de un velatorio, es un espacio común, un bien común, el patio. Su vida se dedicó a eso, a la protección de los bienes comunes y de las comunidades, así nos despedimos de ella, en comunidad. Catarina Illsley recibió en 2013 en Japón, como reconocimiento a su largo compromiso con el fomento del manejo comunitario sustentable de los recursos naturales en una de las regiones más pobres de este país, el recién creado premio “Elinor Ostrom. Gobernanza Colectiva de los Bienes Comunes”. Los trabajos de Cati y Lin Ostrom sobre los bienes comunes tienen mucho en común, ambas lucharon gran parte de su vida contra la falacia y el abuso de la apropiación de los bienes de los pobres, supuestamente necesaria para alcanzar una modernidad ideologizada. Apropiación de sus recursos naturales y destrucción de sus conocimientos y valores culturales. Cuatro años antes, en 2009, Elinor Ostrom había recibido el Premio Nobel de Economía por su trabajo acerca de la gobernanza de los recursos compartidos, la primer mujer en recibir este reconocimiento. Elinor conoció la labor de Catarina, como parte del que hacer del Grupo de Estudios Ambientales, y la reconoció como una de las experiencias más interesantes en los manejos comunitarios de los recursos naturales. El trabajo de ambas mujeres, a diferentes escalas, enfrentó el capitalismo salvaje que desbasta tanto al mundo natural, como al social. En lo social están aniquilando nuestros espacios comunitarios, nuestros conocimientos colectivos, la cultura compartida. La comercialización y mercantilización de la vida se ha apoderado hasta del espacio y la forma en la que nos despedimos de nuestros seres queridos. Basta tener un poco de ingreso, para llevar al difunto al espacio frío de los velatorios, perdiendo la convivencialidad de acompañar y despedir a nuestros muertos, sin el frio mármol de las funerarias. Como vivió, murió, Caty acompañada en comunidad, con el intercambio de la palabra y los sentires libres de los rituales mercantilizados. Gran parte del trabajo de Catarina se desarrolló en la región centro montaña de Guerrero, región de pobreza extrema, allí junto con GEA, Cati centró por años sus tareas en el reconocimiento de los saberes tradicionales y las formas de organización comunitaria para el manejo de los recursos naturales que se poseen y gobiernan en común. Vinculó estos saberes y a las comunidades con el conocimiento científico aplicado: con estudios profundos de la biología, de la agronomía y la geología, con el fin de que las comunidades se apropiaran estos conocimientos y mejoraran el manejo de sus recursos naturales. Era común ver a los jóvenes de la comunidad intercambiando saberes con estudiantes e investigadores universitarios. Una de sus principales labores fue promover el uso y manejo sustentable del agave cupreata. Los maestros mezcaleros de la región lo colectaban silvestre y se estaba agotando.  Luego de 20 años del trabajo de Cati y GEA lo cultivan de tal manera que sirve, no sólo como una fuente de ingresos, también para evitar la erosión de las cuencas y ayudar a la cosecha de agua. La comunidad aprendió el cultivo del agave con el apoyo de técnicos, aprendió que había que proteger a los murciélagos. Anteriormente, entraban a las cuevas a quemarlos. Entendieron que sólo una especie entre decenas vivía de la sangre.  Los capturaron con redes, los distinguieron, les perdieron el miedo y comprendieron que eran fundamentales para la fecundación del agave. Comprobaron que al proteger las poblaciones de murciélagos, los agaves silvestres, comenzaron a dar mucho más semilla y que los murciélagos permitían mantener una diversidad genética al polinizar a grandes distancias. Catarina promovió el encuentro entre maestros mezcaleros de diversas regiones del país y el intercambio de saberes entre ellos. Combatió la denominación de origen del mezcal que excluye a muchas regiones que durante siglos la han producido y que no pueden darle este nombre a su bebida. Convocó a mezcaleros de diversas regiones del país para denunciar el intento de monopolizar la palabra agave por parte de la industria tequilera y algunas empresas mezcaleras, que querían evitar que otros productores pudieran utilizarla. Juntos conocimos la iniciativa de los tequileros – empresas extranjeras principalmente- a través de la que querían imponer que los productores tradicionales de las regiones que no habían recibido la denominación de origen “tequila” y “mezcal” sólo pudieran utilizar la denominación: “aguardiente de agavácea”. ¿Quién  podría estar interesado de comprar “aguardiente de agavácea”?, pretendían darle el golpe mortal a los mezcaleros. Con ella aprendí que los conocedores de las bebidas espirituosas del resto del mundo, estaban fascinados por la calidad del mezcal, por las cualidades adquiridas en su elaboración artesanal, algo ya perdido en la mayor parte de los tequilas. Es así que comunidades y familias, que durante siglos han producido mezcal, no pueden utilizar ese nombre para comercializar su producto, porque no quedaron dentro de la denominación de origen. No pueden usar el término “mezcal” y pretendían que tampoco la palabra “agave”. Las grandes empresas querían degradar su producto de alta calidad poniéndole un nombre que provocaría en los consumidores un rechazo al producto. Mientras tanto, ellos acaparan el nombre de denominación “Tequila” mientras se permiten adulterar hasta en un 49% la bebida gracias a la norma que elaboraron a su manera. El caso de las bebidas de agave, del manejo de las denominaciones de origen y de las normas, es el mejor ejemplo de la expropiación de los saberes tradicionales y comunitarios y su degradación por parte de los intereses comerciales y de la lucha de resistencia de Cati y las comunidades. Antes del trabajo en torno al agave, Catalina había promovido  el aprovechamiento sustentable de la palma y la elaboración de productos con mucho mayor valor que las tiras trenzadas, que los pobladores de la Montaña de Guerrero tejen incansablemente y venden por para hacer sombreros,  por las que les pagan en centavos. El trabajo con distintos recursos la llevó a promover una visión integrada de la cuenca, teniendo como centro el agua. Al aumentar el acceso al agua, se logró detener la erosión en amplios terrenos y disminuyo la vulnerabilidad frente a los eventos climáticos… LEER COMPLETO EN: http://www.sinembargo.mx/opinion/07-10-2014/27893.

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